Un poco de aquí, un poco de allá. Cosas que recolecto y genero durante mi trajín digital.
Vi que @coxrita twitteó temprano algo sobre el tema -pero en francés- y busqué info en un idioma más accesible. Heavy la historia. Me dejó pegada. Todo un misterio de la ciencia.
Hoy tuve una micro clase de micro tráfico. Sin desearla. La tuve simplemente poniendo atención a lo que conversaban dos hombres en la micro. Supe que tenía “como 105”. Que sólo le daba el dato a los conocidos, porque otros podrían “irse de tarro”. Que vivía con su mamá. Que no se movía en bicicleta, “porque los pacos siempre paran a los que andan en bici, si saben cuál es la movía”. Que hacía poco habían hecho una redada en un departamento cercano al suyo. Que les habían pillado “3 con 9” gramos. Que con eso eran “5 y 1”. Que se había salvado “jabonao”. Su interlocutor sólo asentía, y validaba sus prácticas.
Luego descubrí que son pocos los que caminan por la Alameda entre Mac-Iver y Estado con calma. Que parece una especie de maratón, cuyo único premio es tener la cartera y su contenido aún con uno después de ese trecho.
Más tarde, afuera del museo de la Casa Colorada, en Merced, vi un niño sentado en el suelo, llorando desconsolado. Debe haber tenido unnos 12 años. Se me apretó la garganta, y la guata. Sin embargo, no fui capaz de detenerme a preguntarle qué le pasaba. Así estamos hoy. Con miedo hasta de un niño llorando en la calle. Con recelo, con prisa. Sin mirarnos el uno al otro. Terrible.
Vámonos en la personal: en mi casa, todos tenemos facebook. Mis dos hermanos chicos, mis papás y yo. Y todos nos tenemos agregados. Y sucedió que mi mamá vio a uno de mis hermanos chicos etiquetado en una foto de una amiga y no le gustó lo decía de él. Y qué hizo: partió a dejarle un mensaje a la niñita en cuestión. La niñita le respondió en tono arrepentido. Una versión 2.0 de “acúsalo con tu mamá Kiko”.
El otro día leía una nota -cuya fuente no recuerdo- que hablaba de cómo cada vez más adultos se metían a facebook, y que eso estaba espantando “un poquito” a los lolos, que veían peligrar su privacidad.
Los que son padres, ¿qué harían? ¿Agregan a su hijo en facebook? ¿Qué pasa si ven algo que no les gusta? ¿Intervienen? ¿No intervienen?
El resto: ¿agregaría a sus papás en facebook? ¿les restringirían los accesos? ¿O apuestan por la transparencia (está tan de moda)?
La pelota está en tu lado de la cancha, haz el pase gol!
Mi mamá me dijo que me veía digna del local. Estaba rico el mote… La reina del mote con huesillos, en Independencia esquina Santa María. Irónicamente atendido por dos caballeros. El momento refrescante luego de cotizar cortinas por todo Independencia.
Vayan y léanlo, algo añejo (5 días) pero está power en links y contexto de medios.
Nombres a seguir para los interesados en la ciencia
No sé para qué querría tenerla de wallpaper si basta con verla varias veces al día … pero bueh
Postales Urbanas
Él llega nervioso al mostrador del local, haciendo muecas con los labios. Es una gelatería, nada del otro mundo. Tiene su pedido decidido: un cono grande. Paga, recibe su ticket y se acerca al otro lado del mesón.
Su nerviosismo aumenta al enfrentarse a ella, que dulcemente le recibe el ticket y le pregunta el sabor. Él se relaja, y pide de chocolate. Y se relaja tanto que le mete conversa. Hace tiempo que trabaja aquí, ¿cierto? A veces le toca en la mañana y a veces en la tarde, ¿cierto? Ella le responde coqueta que hoy ha estado todo el día, pero mañana estará en la mañana. Le entrega el cono con una gran torre de helado de chocolate. Él se despide con una sonrisa y un “nos vemos”. Ella también le sonríe, y la sonrisa le queda.
Recibe el siguiente ticket y arma el helado muy alegre. Una gran torre de helado de crema, el barquillo, el vasito. Y sigue sonriendo, mientras yo la miro divertida, porque en realidad le había pedido otro helado. Pero no importa. Es tan lindo el amor…