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    Flickring

    Ciudad de locos

    Hoy tuve una micro clase de micro tráfico. Sin desearla. La tuve simplemente poniendo atención a lo que conversaban dos hombres en la micro. Supe que tenía “como 105”. Que sólo le daba el dato a los conocidos, porque otros podrían “irse de tarro”. Que vivía con su mamá. Que no se movía en bicicleta, “porque los pacos siempre paran a los que andan en bici, si saben cuál es la movía”. Que hacía poco habían hecho una redada en un departamento cercano al suyo. Que les habían pillado “3 con 9” gramos. Que con eso eran “5 y 1”. Que se había salvado “jabonao”. Su interlocutor sólo asentía, y validaba sus prácticas.

    Luego descubrí que son pocos los que caminan por la Alameda entre Mac-Iver y Estado con calma. Que parece una especie de maratón, cuyo único premio es tener la cartera y su contenido aún con uno después de ese trecho.

    Más tarde, afuera del museo de la Casa Colorada, en Merced, vi un niño sentado en el suelo, llorando desconsolado. Debe haber tenido unnos 12 años. Se me apretó la garganta, y la guata. Sin embargo, no fui capaz de detenerme a preguntarle qué  le pasaba. Así estamos hoy. Con miedo hasta de un niño llorando en la calle. Con recelo, con prisa. Sin mirarnos el uno al otro. Terrible.

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